Situados ya en Roma, no podemos pasar por alto a Cicerón. Si bien Cicerón (que es un apodo) destacó sobre todo como político, escribió algunos libros de contenido filosófico. La época de Cicerón es el final de la República romana y de la guerra civil que desemboca en el Imperio. Cicerón se pone del lado de Pompeyo frente a Julio César, finalmente victorioso. Lo más destacado de Cicerón es su defensa de la ley. Cicerón entiende al ciudadano como súbdito de la ley. Solo como súbdito de la ley es el ciudadano libre, para Cicerón.

El final de la República romana se vivió como una verdadera catástrofe. A partir de Julio César empieza el Imperio romano, que se extenderá hasta su fin en el año 476 d.C. El Imperio supone respecto de la República un retroceso en la libertad civil, en la ciudadanía, pero de algún modo la expansión de Roma por media Europa conforma el futuro del continente. La ciudadanía, extendida al final del Imperio a todos los habitantes del limes, ya no se basa en la etnia (romana) sino que cualquiera puede ser ciudadano, sea ibero, galo, británico o germánico. Eso ya estaba en Julio César.

El Imperio romano conservó siquiera en apariencia algunas formas democráticas del periodo de la República, sobre todo en el Senado. Pero no olvidemos que el Emperador tenía un carácter divino.