El Discurso del método de Descartes es de 1637. Está escrito en francés. A principios del siglo XVII se había creado el Banco de Amsterdam, primera piedra del capitalismo moderno. Descartes escribe su discurso sobre el método tomando como modelo el conocimiento matemático a partir del modelo experimental (hoy científico) de Galileo Galilei. Decepcionado por la insuficiencia del saber de la Escolástica, que solo en España Suárez había intentado renovar, Descartes se va a Holanda a investigar por su cuenta. Allí pasa veinte años y escribe la mayor parte de su obra. Descartes parte de la duda metódica para alcanzar luego el conocimiento. Su doctrina se conoce como racionalismo, según el cual el conocimiento procede de la razón y se obtiene por deducción. El método cartesiano consta de cuatro pasos: evidencia, análisis, síntesis y enumeración. Su discurso incluye una moral provisional que se puede resumir en el dicho popular “allí donde fueres, haz lo que vieres”.
Más allá de su doctrina, lo que importa de Descartes es su ejemplo, el hecho de que no se satisficiera con la repetida Escolástica de origen medieval e iniciara de este modo la filosofía moderna.
El otro gran racionalista es el alemán Leibniz, ya en el siglo XVIII. Para Leibniz, este mundo es el mejor de los mundos posibles, pues lo ha hecho Dios y Dios podría haber hecho cualquier cosa pero ha hecho en concreto este mundo, y por tanto este mundo es el mejor de los posibles. El gran libro de Leibniz es la Monadología (todo está formado por mónadas) y su concepto principal es el de la armonía preestablecida, del universo y del hombre. No hay una mónada igual a otra, y las mónadas son incomunicables. Leibniz dejó para la posteridad una de las preguntas más famosas de la filosofía: ¿por qué hay algo y no más bien nada?
