Wittgenstein era un filósofo austriaco que vivió exiliado en Inglaterra. Sus dos principales libros son el Tractatus logico-philosophicus y las Investigaciones filosóficas. De ahí que se hable de dos Wittgensteins, el primer Wittgenstein y el segundo Wittgenstein.
El primer Wittgenstein, emulando a Descartes, trata de determinar qué es el ser. Se dice que lo escribió en las trincheras de la 1ª Guerra Mundial. Para este Wittgenstein, el ser es lingüístico. Por eso a la filosofía de Wittgenstein se la conoce también como la del giro lingüístico. Una de las proposiciones más conocidas del Tractatus es que “de lo que no se puede hablar hay que callar”. El Tractatus desemboca pues en la mística.
El segundo Wittgenstein, ya instalado en la Universidad de Cambridge, rompe con el Tractatus y elabora una filosofía de los juegos del lenguaje y de sus reglas. El lenguaje es un juego, casi como diría un Sofista (“el significado de una expresión es su uso social”), y como cualquier juego tiene, eso sí, unas reglas. Wittgenstein reflexiona en las Investigaciones sobre las reglas del juego que es el lenguaje. Ya no se calla, sino que juega, casi como los niños de Heráclito.
Wittgenstein es quizá el filósofo académico más importante del siglo XX.
